Perfil de un estudiante universitario

Hace años entre una pila de revistas que se miraban medio tiradas, de esas que seguro nadie toma para leerlas por lo aburridas que a primera vista se miran se encontraba algo que ayudaría a complementar mucho a mi carrera universitaria, en una sala que se dice llamar “El rincón salvadoreño” dentro de la biblioteca de la U. Pues allí una revista contenía un artículo que llevaba por título "El futuro de la formación universitaria" cosa que me valió para adoptarlo como ya mencioné antes como buena inspiración, complemento y motivación de mi vida como estudiante universitario, y digo esto porque en el tiempo que estuve en la Universidad Don Bosco, de parte de mis amig@s o compañer@s nunca escuche decir de ell@s que nombraran a la universidad como "alma máter". Yo no fui la excepción, quise hacerlo pero por alguna extraña razón no me nacía nombrarla de esa forma y siempre admiré como los estudiantes de la Universidad de El Salvador con mucha facilidad nominaban de esa manera corta a su universidad en vez de su nombre largo. La falta de inspiración y motivación que no emanaba de la universidad, con la cual no veía algún día el poder decir:  " . . . la Universidad Don Bosco, alma máter de la que tanto aprendí" hizo pues que acogiera muy bien la lectura del artículo.

 

Y es que es así de sencillo de explicar: "un simple" artículo de revista me ha abierto muchas puertas y posibilidades en mi vida universitaria, me ha hecho comprender el futuro de la formación de esta. El mensaje contenido en dicho artículo venía del Dr. José Ramón Alonso Peña, Rector Magnífico de la Universidad de Salamanca, España, que había venido para la firma de un Convenio de colaboración entre la fundación general de dicha Universidad y la Asamblea Legislativa de El Salvador en el año del 2007. De esa universidad española se puede decir que se fundó en el año 1218 por el rey Alfonso IX de León y es considerada como la más antigua de las universidades hispanas existentes y que ha contado con el respaldo de los reyes católicos, así como el papa Alejandro IV y Benedicto XIII. En su lista de discípulos que forman parte de la cultura española y con gran impacto internacional se encuentran San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, Pedro Calderón de la Barca, Hernán Cortez y muchos otros, mencionando también que la Universidad ha tenido como rector a un gran pensador como lo fue Miguel de Unamuno. En realidad, hay mucha más información que escribir sobre este tan importante centro de estudio pero aquí sólo he tomado algunos de lo datos más relevantes.

 

Ya! sin más introducción les dejo el contenido de tan sonado artículo mezclado con fotos de mi vivencia universitaria:

 

El futuro de la formación universitaria.

Por el Dr. José Ramón Alonso Peña
Rector Magnífico de la Universidad de Salamanca.

 

 

"
En bastantes ciudades y bastantes universidades europeas está habiendo grupos de estudiantes que se manifiestan, en ocasiones violentamente, en contra de la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, lo que también se conoce como proceso de Bolonia. Fue en la Universidad de Bolonia, la más antigua de la cultura occidental, donde en 1999, hace ahora nueve años, se puso en marcha un compromiso de los países de Europa para hacer que los títulos universitarios tuvieran una dimensión internacional, una fácil comprensión por parte de los empleados de cualquier país, una estructura común en los planes de estudio que facilitara el intercambio y la movilidad, un impulso a una mayor competitividad de nuestras titulaciones y a incrementar su atractivo para los estudiantes de América, Asia y África, y finalmente un replanteamiento de los métodos docentes para convertir al estudiante en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje y en su verdadero protagonista.

 

Los grupos estudiantiles anti-espacio europeo incluyen frecuentemente un componente anti-sistema, pero fuera de ello resulta difícilmente comprensible que algunos estudiantes universitarios prefieran mantener lo que ahora tenemos. Parecen ludditas, asustados por lo que pueda deparar el futuro y aferrados a un modelo basado en la repetición memorística de los apuntes tomados en clase y su regurgitación, lo más fidedigna e indigerida posible, en un examen escrito. El diálogo abierto con el profesor, la discusión de casos prácticos, el trabajo en equipo, la investigación sencilla, la reflexión y defensa pública de un tema son desgraciadamente más la excepción que la regla en las aulas universitarias. Y cuando lo hacemos nos maravillamos, docentes y estudiantes, de lo divertido e interesante que puede ser dar y recibir clase.

Campus de la Universidad Don Bosco (Fuente de la foto: Mg. René Angulo)
Campus de la Universidad Don Bosco (Fuente de la foto: Mg. René Angulo)

El aula Fray Luis de León de la Universidad de Salamanca, quizá la más antigua que se conserva en una universidad de cualquier país del mundo, nos debería hacer reflexionar, considerando su estructura y mobiliario, sobre su naturaleza y función. En este espacio docente del siglo XVI un profesor se subía, al fondo del aula, a una silla, una cátedra, y resumía y comentaba, o meramente leía, los aspectos más relevantes de un libro escrito por una autoridad en la materia. La cátedra está cubierta y elevada en una tarima, en un diseño que recuerda directamente a un púlpito. Es un púlpito. Los estudiantes se sientan en bancadas corridas donde tienen una estrecha mesa delante en la que se dedican a tomar apuntes, a hacer marcas y grafitos, a mirar para otro lado con el pensamiento ausente, o a charlar con el compañero de al lado. En un banco lateral, algo más amplio y cómodo, se sientan los ayudantes del profesor, alumnos aplicados y becarios. Los bancos son prácticamente troncos desbastados , por supuesto, no hay calefacción por lo que aquellos pobres estudiantes tenían “derecho al pataleo”, la posibilidad de golpear el suelo con las piernas en momentos determinados para poder entrar en calor. Pero si no fuera por esa llamativa incomodidad, podríamos seguir dando clase en esa aula con total normalidad. Profesores y estudiantes hacemos lo mismo que aquellos colegas del siglo XVI, sólo que utilizando proyectores y presentaciones en powerpoint. No es una buena señal en un mundo que ha cambiado tanto.


Debemos reflexionar sobre qué estamos enseñando. Hablando con empresarios que contratan a licenciados a quienes he dado clase, jamás he encontrado a ninguno que me dijese que les faltaban conocimientos de una materia o que presentaban lagunas en temas del programa. Lo que echaban de menos es que tuvieran una cultura de compromiso y esfuerzo, iniciativa prudente, un conocimiento suficiente de idiomas; que supieran resolver problemas (no de matemáticas, de la vida real); que pudieran elaborar un informe claro y legible, preparar un presupuesto; que supieran, en fin, escribir una carta. La modernización que ahora afrontamos es la oportunidad para que, sin dejar de tener los conocimientos imprescindibles de cada disciplina, no dediquemos todo el esfuerzo a memorizar datos que quedan olvidados pocos días después del examen y nos centremos en lo que en verdad es necesario, lo que un titulado necesita saber y saber hacer. Y es llamativo que a la hora de definir qué es necesario no coincida lo que opinan profesores, estudiantes, empleados y la propia administración.

 

Quizá ha llegado el momento de que reflexionemos acerca de cuál debe ser el perfil mínimo de un universitario. ¿Estamos satisfechos con lo que enseñamos los profesores y lo que aprenden los alumnos? En mi opinión, no. Un estudiante universitario ha de tener unas características distintivas; no se trata sólo de haber alcanzado o no un mayor grado de complejidad, profundidad y especialización de los estudios, sino haber estructurado su mente de una forma “superior”. ¿Y cuáles podrían ser esos requisitos, esa estructura mental, esa formación que deber tener un universitario del siglo XXI?

 

Primero, debe saber leer. Suena insultante, pero es cierto; debe saber leer y extraer las ideas principales de un texto, someter a juicio crítico lo que ese autor afirma, ser capaz de contrastar con otras fuentes si es necesario y llegar a conclusiones propias, personales. Segundo, debe saber escribir; y no hablo de no cometer faltas de ortografía, ni de saber poner letras juntas; eso hay que darlo por hecho, sino de comunicar con claridad, con eficacia, con una extensión equilibrada, con rigor en el uso de información externa, con la mente puesta en el lector. Sea un informe jurídico, una historia clínica, una carta comercial o un proyecto de edificación, todos estos jóvenes universitarios van a tener que escribir y todos deben saber escribir bien. Hay tantos trabajos de clase productos del corte y pega, del plagio indiscriminado -y no castigado- sin ni siquiera releerlo, de la banalidad más terrible, de un sentimentalismo cursi, de la repetición acrítica e irreflexiva, del uso de fuentes sin credibilidad ninguna en igualdad de estatus con fuentes contrastadas, huérfano de elaboración personal, que este debería ser tema de preocupación para cualquier docente, para cualquier facultad, para toda una sociedad. Tercero, debe saber hablar, hablar a una persona y hablar a cien. Ser capaz de presentar las ideas propias e indagar las ajena. Conducir y ganar un debate. Respetar los tiempos y usar apoyos efectivos. Debe ser capaz de vender un objeto, su trabajo o a sí mismo. No es baladí: saber hablar bien se considera el primer factor de éxito en la carrera profesional de un universitario.

Equipo Liga de la Justicia, ( con la barra también) - Campeón del Torneo de Fútbol de la Facultad de Ingeniería.
Equipo Liga de la Justicia, ( con la barra también) - Campeón del Torneo de Fútbol de la Facultad de Ingeniería.

Cuarto, debe tener disciplina. Realizar esfuerzos continuados en el tiempo; hacer una programación, un plan y cumplirlo; comprometerse y respetar los compromisos. Ser leal con sus compañeros y consigo mismo. Y eso se aprende en un aula, pero también en un equipo de fútbol o en el coro de la Universidad. Quinto, debe tener una visión internacional. Debe expresarse y hacerse entender en inglés con soltura y tener ciertas habilidades en al menos otro idioma. Debe conocer otros países pero no como turista, sino como universitario; esto implica tener unos conocimientos básicos de la política, la historia, las aspiraciones, fortalezas y dificultades de ese país. Deber tener curiosidad por viajar y ser capaz de adaptarse con rapidez y seguridad a otro país, a otra cultura. Debe tener flexibilidad y respeto por las costumbres ajenas y ser capaz de ajustar las propias.

Markus y Layal de la Universidad de Siegen (Alemania), en una visita a la Universidad Don Bosco para compartir de su tiempo enseñado el idioma Alemán.
Markus y Layal de la Universidad de Siegen (Alemania), en una visita a la Universidad Don Bosco para compartir de su tiempo enseñado el idioma Alemán.

Sexto, debe ser creativo. En su trabajo y en su vida. Debe explorar el arte en cualquiera de sus manifestaciones: música, pintura, teatro, fotografía, … No sólo como espectador, también como autor; involucrase personalmente en una orquesta de jazz o en un fanzine punki; debe “pringarse”, no quedarse siempre al margen, pasivo o mero crítico de los que otros acometen, debe implicarse. Debe enamorarse de algo y azuzar esa pasión. Séptimo, debe conocer las herramientas propias de su disciplina. En las ciencias, eso incluye el método científico y el análisis cuantitativo; en las ciencias sociales, el análisis histórico y también los método cuantitativos; en las humanidades, las principales referencias de las grandes tradiciones culturales, y también el método científico. No puedo concebir un estudiante de Física preocupado por lo que pone el horóscopo ni a una estudiante de Arqueología que odie el latín.

Estudiantes por la música Jaime, Gerardo e Iván; estudiantes de Ing. Mecatrónica, de la UDB, no dudan en mostrar su pasión por el arte musical en sus presentaciones.
Estudiantes por la música Jaime, Gerardo e Iván; estudiantes de Ing. Mecatrónica, de la UDB, no dudan en mostrar su pasión por el arte musical en sus presentaciones.

Octavo, debe estar alfabetizado en las nuevas tecnologías. No sólo chatear con el Messenger pero también chatear con el Messenger, configurar una cuenta de correo electrónico y usar una hoja de cálculo, construir una base de datos y editar un texto, una imagen y un video. Noveno, debe tener una cultura general. No puede ser que el estudiante de Historia del arte, ante una regla de tres, calcular un tanto por ciento o hacer la declaración de la renta, diga “yo es que soy de Letras”; ni que el de Ciencias confunda a Augusto con San Agustín (o que no tenga ni idea de quienes son) o sitúe a Lope de Vega en el siglo XVIII. Décimo: Romper con los decálogos, con las tradiciones estúpidas, con los criterios de rebaño, con el qué dirán y el me da los mismo. Undécimo y último: un universitario debe tener una visión ética. En todas las épocas del mundo ha habido problemas y dilemas, perspectivas y limitaciones que han dado la medida del ser humano de cada tiempo y cada lugar. Y eso no es distinto en estos comienzos del siglo XXI, y además ya no hay problemas locales ni soluciones únicas.

Solidaridad con los más necesitados, La Vane, estudiante de Ing. Industrial(UDB) colaborando para Un Techo Para Mi País El Salvador.
Solidaridad con los más necesitados, La Vane, estudiante de Ing. Industrial(UDB) colaborando para Un Techo Para Mi País El Salvador.

Un universitario debe decidir sus valores, pensar su posición personal y lo que ello implica de actuación vital ante temas como el calentamiento global, la crisis energética, la influencia de la ciencia en la prolongación de la vida, la desigualdad Norte-Sur, la extinción de las especies, el uso de las células madre, los impuesto necesarios para fortalecer la democracia, la relación Iglesia-Estado, y tanto otros. Estamos continuamente confrontados con dilemas éticas y morales, con problemas que marcan el futuro de nuestra sociedad, y los universitarios deben adoptar posicionamientos comprometidos, tener una responsabilidad, una visión, un compromiso con sus conciudadanos y consigo mismos. Realmente, tengo la sensación de que estamos ante una oportunidad única, ciertamente magnifica, para construir el futuro, un futuro mejor. El futuro de la Universidad y el futuro de la Sociedad. La generación actual de estudiantes es la mejor de nuestra historia. Tienen todo lo necesario para mejorar nuestros países y conducir su futuro. Son nuestra gran esperanza y no podemos permitir que no aprovechen las oportunidades y las esperanzas que la sociedad actual tiene depositadas en ellos. A veces, siento que tenemos las manos llenas de hojas y el rábano firmemente hincado en el suelo. El rábano en este caso es tener las mejores universidades y formar a los mejores universitarios del mundo. Y todo lo demás es secundario."

Puedes visitar el blog del Dr. José Ramón Alonso Peña a través de este enlace:

 

http://jralonso.es/sobre-mi-persona/

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